
La aparición de una nueva versión de Windows no siempre ha sido de lo más celebrado. Si nos ponemos a hacer memoria, ha habido momentos en los que se esperaba como agua de mayo una actualización del sistema operativo. Como en la aclamada séptima edición o el más que trillado XP. Pero también ha habido fiascos memorables, como aquel Millenium Edition o el olvidado 2000. Ahora, a tan solo tres semanas de Windows 8, todo parece indicar que esta revisión va por el mismo camino.
Y no parece que le vaya a ocurrir como al desastrado Windows Vista. Porque esa versión aún creó expectación. Mientras que lo único que genera Windows 8 es silencio. Un silencio sepulcral acompañado de la mayor de las indiferencias. Microsoft se ha centrado en convertir el ordenador en un híbrido con las pantallas de móvil y de tablet y no se ha preocupado de lo que el público piensa: que ahora no era necesaria una versión de este calibre. Sobre todo si intenta captar más 'casual gamers' y muestra un rendimiento inferior en todos los procesos gráficos. Incluidos los títulos que ya jugamos en PC.
Leer Más